Terapia con radionúclidos

Los Radionúclidos en el Tratamiento de los Pacientes con Tumores Neuroendocrinos


Aproximadamente, el 80% de los tumores neuroendocrinos expresan en la membrana de sus células unos receptores para una proteína llamada somatostatina. Cuando la somatostatina se une a estos receptores de membrana se regula el control de la proliferación de estas células. Disponemos de fármacos que son capaces de unirse a estos receptores ya que cuentan con una estructura química muy similar a la de la somatostatina, de manera que “engañan” al receptor e impiden que la célula tumoral crezca y se divida. Estos fármacos se denominan análogos de la somatostatina. Recientemente, el avance en la tecnología nos ha brindado la posibilidad de unir mediante una especie de “pegamento” biológico, por una parte, un análogo de la somatostatina a un átomo cargado con radioactividad. Si el átomo que unimos tiene una baja carga de radiactividad, podemos beneficiarnos de una prueba diagnóstica con una elevada sensibilidad y especificidad para reconocer dónde se encuentra el tumor primario neuroendocrino así como si existe diseminación de la enfermedad en otros órganos sin dañar al paciente. De la misma forma, si empleamos un átomo con mayor carga radioactiva lo que conseguiremos es que se deposite en las células que expresan este receptor liberando allí su energía y, por tanto, destruyendo localmente el tejido de alrededor. En el primero de los casos, estaríamos hablando del empleo de Galio como prueba diagnóstica y en el segundo de Lutecio como tratamiento de la enfermedad.

La aprobación de los radionúclidos en pacientes con tumores neuroendocrinos originados tanto en el páncreas como en el tracto gastrointestinal de grado 1 ó 2 de diferenciación en progresión a análogos de la somatostatina, se basó en un retraso en el tiempo que el tumor tardaba en volver a crecer cuando se comparó con la administración de los análogos de la somatostatina a dosis alta.

Este estudio, que se llamó NETTER-1, demostró también que el tratamiento con radionúclidos inducía un aumento en el porcentaje de pacientes en los que se producía una reducción del tamaño de las metástasis y una mejoría en la calidad de vida de los pacientes que recibieron este radionúclido. Como toda medicación, la administración de los radionúclidos se encuentra sujeta a la posible aparición de efectos adversos. Entre los efectos no deseados debe tenerse en cuenta la posibilidad de un aumento del dolor abdominal, náuseas y vómitos (normalmente durante las primeras 24 horas tras la administración del tratamiento) y que se tratarán con medidas habituales. Los posibles efectos adversos tardíos (posteriores a las primeras 24 horas de la radiación) son el cansancio o la pérdida temporal de cabello.

El radionúclido se puede acumular en la médula ósea de los pacientes, donde tenemos allí células que también puede expresar receptores de somatostatina en su membrana. Este hecho puede tener como consecuencia la ocasional aparición de descensos en las cifras de recuento de leucocitos y/o plaquetas que pueden, excepcionalmente, requerir reposición mediante transfusión de hemoderivados o retraso/suspensión del tratamiento, por lo que se le harán controles analíticos periódicos. El síndrome mielodisplásico, frecuentemente precursor de leucemia y la leucemia secundaria sería un efecto secundario poco frecuente.

Todo ello, hace necesario que la administración de los radionúclidos debe realizarse en centros con experiencia en el manejo de tumores neuroendocrinos, que cuenten con un comité multidisciplinar que intervenga en la indicación, cuidado durante la administración y el seguimiento de los pacientes sometidos a esta técnica.


Enrique Grande
Jefe de Oncología Médica y Director de Investigación Clínica en el Hospital MD Anderson Cancer Center Madrid
Diciembre, 2017

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Consenso de manejo de la Terapia con péptidos marcados con radionúclidos (PRRT) en el tratamiento de tumores neuroendocrinos (TNEs)